La mayoría de nosotros no hemos querido reconocer que nuestra adicción a los juegos de azar era un problema real. A nadie le gusta creer que es distinto a los demás. Por lo tanto, no es sorprendente que nuestro historial de jugadores se haya caracterizado por innumerables intentos vanos para comprobar que podíamos jugar como otras personas. La idea que de alguna manera, algún día, vamos a controlar la adicción al juego es la gran obsesión de todo jugador compulsivo. Es sorprendente la persistencia de esta ilusión. Muchos se aferran a ella hasta terminar en la cárcel, la locura o la muerte.
Hemos perdido la capacidad para controlar la adicción al juego. Sabemos que el verdadero jugador compulsivo, nunca recobra el control. Todos nosotros sentimos a veces que estábamos recuperando el control, pero tales intervalos – usualmente breves – eran inevitablemente seguidos por momentos de menos control aún, que conducían a una desmoralización incomprensible y triste.Estamos convencidos que los jugadores de nuestro tipo están en las garras de una enfermedad progresiva. Con el correr del tiempo nos empeoramos, nunca nos mejoramos.
Por lo tanto, para llevar una vida feliz y normal, tratamos de practicar lo mejor que podemos, ciertos principios en nuestros asuntos diarios.